Cambiar los hábitos alimenticios, clave del éxito

72

¿Cuál es el secreto del éxito? ¿Dónde está el truco en todas esas fotografías del antes y después, que tanto nos acaban asombrando? Está claro que un cambio físico drástico es muy llamativo, impresionante en ocasiones y también digno de admiración. Ahora bien, ¿qué hay detrás de todo ello?

Cada caso es un mundo, pero nosotros te aclaramos un concepto idóneo que debes tener en mente, y el cual nunca jamás debes olvidar… y es que el secreto para llevar a cabo lo que para muchos es un sueño, está en los hábitos alimenticios. Una pauta que muchos suelen pasar por alto, y que puede llevarte a lo más alto, o conseguir que acabes aún peor respecto a como empezaste.  

Cambiando los hábitos alimenticios

Situémonos… un largo período de sedentarismo, nada de ejercicio físico, y una preocupación por lo que comemos prácticamente nula. ¿Cómo salir de una espiral así? No es fácil, y es que unas bases asentadas hace años no se erradican de un día para otro. La paciencia es un don, y siempre la tenemos que tener como nuestro principal aliado si queremos decir adiós a una vida de estas características. Más allá de pensar en salir a correr, apuntarse al gimnasio a que nos den una rutina estándar destinada al fracaso, e incluso largas díetas agonizantes donde pasamos muchísima hambre, comenzar es tan sencillo como coger un lápiz y un papel, y enumerar lo que a nuestro juicio, nos perjudica en la salud y nuestro físico.

Si hacemos un poco de auto crítica -en ocasiones, no es fácil- nos daremos cuenta de que hay mucha tela que cortar, y no sabremos por dónde empezar. Sin embargo, habremos dado el primer paso, que es el más importante. ¿Cuál es el siguiente?

Mentalizarnos. Pensar en que no tenemos por qué pasar hambre, y mucho menos pasarlo mal. El cambio debe ser positivo para nosotros y nuestro alrededor, y para ello no debemos tener prisa, ni tener en mente objetivos imposibles de conseguir. De nada servirá comenzar a tener dieta de modelo o deportista de un día para otro, nos acabará haciendo daño y acabaremos peor de lo que empezamos. El físico que hemos conseguido a lo largo de años, no cambiará en semanas, ni en unos pocos meses. Esto lo debemos tener muy claro, porque comprender qué debemos hacer, es imprescindible. No hay más. Apúntate estos breves consejos:

No reduzcas las comidas

Si evitas desayunar, comer algo a media mañana o no merendar, esto provocará reacciones inesperadas en la insulina en sangre y acabarás con una gran ansiedad que te obligará a comer todo lo que sea azucarado. El remedio será peor que la enfermedad. No se trata de comer estrictamente cada tres o cuatro horas, sino que en las cuatro o cinco comidas diarias, comas bien y suficiente para no tener ningún tipo de déficit.

Azúcares sí. Azúcar no

Debemos diferenciar los términos de azúcar y azúcares. La sacarosa propiamente dicha es la azúcar de mesa común, que la sociedad la tiene socialmente aceptada en todo tipo de alimentos, bebidas… por su parte, los azúcares son los hidratos de carbono “simples”, que se suelen absorver más rápidamente que los complejos. Para que te hagas una idea del impacto de la sacarosa en nuestro cuerpo, al recibirla éste genera un pico de insulina en sangre tan sumamente notorio que todo lo que comes se absorve de forma casi instantánea. Los azúcares sin embargo, pueden llegar a ser beneficiosos para el cuerpo en su justa medida, como los que están presentes en la mayoría de las frutas, denominados fructosa.

El azúcar puede evitarse si se aprende cómo, sustiuyéndolo por edulcorantes sanos que no interfieran en los niveles de glucosa e insulina, como la sucralosa… aunque de este apartado, te hablaremos más adelante. A efectos prácticos, es tan sencillo como comprar un edulcorante líquido en cualquier supermercado, y optar por el mismo para el café o postres. Sustituir las bebidas carbonatadas por sus homónimos sin azúcar, y pequeños cambios de esta magnitud. Sólo con un pequeño gesto de esta magnitud, los cambios pueden llegar a ser importantes.

Comer con cabeza

Las verduras y hortalizas debemos tenerlas muy presentes en nuestra dieta diaria, sus hidratos de carbono son extraordinarios y su asimilación muy lenta, provocando saciedad y que no tengamos picos de insulina en sangre. Sin embargo, esto no quiere decir que eliminemos de nuestra dieta los carbohidratos de la pasta, arroz, patatas cocidas… es más, incluir estas comidas básicas durante el día -mejor que por la noche- ayuda a que llevemos el día con más intensidad, nuestro ánimo no decaiga y tengamos un buen nivel físico y mental. Lo puedes ver así: pasta o arroz para la comida, verduras para la noche. Siempre acompañado de proteínas para mantener una estructuración muscular.

Paciencia y perseverancia

Lo volvemos a repetir… paciencia, mucha paciencia. Esto es un largo camino, y debemos ir muy poco a poco. Como todo en esta vida, el éxito no se consigue de la noche al día y no hay milagros ni caminos cortos que lleven al mismo lugar, el secreto es la paciencia, y la perseverancia. Un primer paso es eliminar poco a poco y de forma permanente toda la comida industrial de nuestra dieta, reducir al máximo el consumo de azúcar, y comer un poco menos de lo que necesitamos. No es necesario dejar de comer y pasar mucha hambre, o reducir la dieta diaria a dos o tres piezas de fruta y verduras, esto es un error. Sin embargo, sí es necesario tener constancia y que esto sea un hábito que adoptemos día a día. Sin olvidar que, una vez a la semana, nos podemos permitir un cierto capricho para reactivar nuestro metabolismo, y tener un buen estado mental.

2 Comentarios

Dejar respuesta